"Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra" (blas de otero)

Poetas y poetisas, testigos del misterio inefable de la muerte y resurrección de Cristo.

Poesía para Semana Santa

Comentarios al evangelio, palabra diaria, imágenes, power point, actualidad, biblioteca y artículos. Secciones dedicadas a la Iglesia, María, la familia, vida religiosa, matrimonio y los jóvenes.

Ciudad Redonda

Te proponemos para esuchar algunos textos especialmente significativos de grandes teólogos, pensadores, maestros de espiritualidad y de vida... palabras sabias, palabras profundas, palabras nacidas de una honda experiencia de Dios y de su presencia en la vida.

Leidos para tí

   

Santo Evangelio según San Juan 1, 45-51

Juan 1, 45-51 : Aquí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño

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En aquel tiempo Felipe fue a buscar a Natanael y le dijo: "Hemos en­contrado a aquel de quien escribió Moisés en los libros de la ley, y de quien también escribieron los profetas. Es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret." Preguntó Natanael: "¿Acaso puede salir algo bueno de Naza­ret?" Felipe le contestó: "Ven y compruébalo." Cuando Jesús vio acer­carse a Natanael, dijo: "Aquí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño." Natanael le preguntó: "¿De qué me conoces?" Jesús le res­pondió: "Te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera." Natanael le dijo: "Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!" Jesús le contestó: "¿Me crees solamente por haberte di­cho que te vi debajo de la higuera? ¡Pues cosas más grandes que estas verás!" Y añadió: "Os aseguro que veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."
El Señor ofrece a todos su llamada a participar en el banquete del Reino. Él no deja de invitar, pero es una invitación abierta. La participación, libre. Unos responden, otros no. Cada uno tiene sus razones y su libertad. Eso sí, no vale ir de cualquier manera. Participar en el banquete del Señor nos exige presentarnos adecuadamente ante el anfitrión. Aceptar el Reino requiere de nosotros una conversión de corazón por la cual nuestra voluntad será en el futuro vivir queriendo hacer la suya. ¿Iremos?


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