"Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra" (blas de otero)
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Mateo 8,1-4
Cuando Jesús bajó del monte, le seguía mucha gente. En esto se le acercó un hombre enfermo de lepra, que se puso de rodillas delante de él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.” Jesús lo tocó con la mano, y dijo: “Quiero. ¡Queda limpio!” Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad. Jesús añadió: “Mira, no se lo digas a nadie. Pero ve, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda ordenada por Moisés; así sabrán todos que ya estás limpio de tu enfermedad.”
publicado el 23 de junio de 2010