"Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra" (blas de otero)

Poetas y poetisas, testigos del misterio inefable de la muerte y resurrección de Cristo.

Poesía para Semana Santa

Comentarios al evangelio, palabra diaria, imágenes, power point, actualidad, biblioteca y artículos. Secciones dedicadas a la Iglesia, María, la familia, vida religiosa, matrimonio y los jóvenes.

Ciudad Redonda

Te proponemos para esuchar algunos textos especialmente significativos de grandes teólogos, pensadores, maestros de espiritualidad y de vida... palabras sabias, palabras profundas, palabras nacidas de una honda experiencia de Dios y de su presencia en la vida.

Leidos para tí

   

Evangelio en audio del Martes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario (2 - agosto - 2016)

Mateo 14,1-12

http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/17_7_TO.mp3
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Por aquel mismo tiempo, Herodes, que gobernaba en Galilea, oyó ha­blar de Jesús y dijo a los que tenía a su servicio: "Ese es Juan el Bautis­ta. Ha resucitado, y por eso tiene poderes milagrosos." Es que Herodes había hecho apresar a Juan, y lo había encadenado en la cárcel. Fue a cau­sa de Herodías, esposa de su hermano Filipo, pues Juan decía a Hero­des: "No puedes tenerla por mujer." Herodes quería matar a Juan, pero temía a la gente, porque todos tenían a Juan por profeta. En el cumple­años de Herodes, la hija de Herodías salió a bailar delante de los invita­dos, y le gustó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle cual­quier cosa que le pidiera. Ella entonces, aconsejada por su madre, le di­jo: "Dame en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista." Esto entriste­ció al rey Herodes, pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, mandó que se la dieran. Envió, pues, a que cortaran la cabeza a Juan en la cárcel. Luego la pusieron en una bandeja y se la die­ron a la muchacha, y ella se la llevó a su madre. Más tarde llegaron los seguidores de Juan, que tomaron el cuerpo y lo enterraron. Después fue­ron y dieron la noticia a Jesús.


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