"Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra" (blas de otero)

La Palabra en Cuaresma

Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas.

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Sábado de la duodécima semana del tiempo ordinario (27 - Junio - 2009)

Mateo 8,5-17

Un centurión romano se le acercó para hacerle un ruego. Le dijo: "Se­ñor, mi asistente está en casa, paralítico, sufriendo terribles dolores." Je­sús le respondió: "Iré a sanarlo." "Señor, yo no merezco que entres en mi casa. Basta que des la orden y mi asistente quedará sanado. Porque yo mis­mo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi man­do." Al oír esto, Jesús se quedó admirado y dijo: "Os aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre. Y os digo que muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, los que deberían estar en el reino serán arrojados fuera. Allí llorarán y les rechi­narán los dientes." Luego Jesús dijo al centurión: "Vete y que se haga co­mo has creído." En aquel momento, el criado quedó sanado. Jesús fue a casa de Pedro, donde encontró a la suegra de este en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre desapareció. Luego se levantó y se puso a aten­derlos. Al anochecer llevaron a Jesús muchas personas endemoniadas. Con una sola palabra expulsó a los espíritus malos, y curó a todos los enfer­mos. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el profeta Isa­ías: "El tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades."

publicado el 25 de junio de 2009

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