"Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra" (blas de otero)

Poetas y poetisas, testigos del misterio inefable de la muerte y resurrección de Cristo.

Poesía para Semana Santa

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Ciudad Redonda

Te proponemos para esuchar algunos textos especialmente significativos de grandes teólogos, pensadores, maestros de espiritualidad y de vida... palabras sabias, palabras profundas, palabras nacidas de una honda experiencia de Dios y de su presencia en la vida.

Leidos para tí

   

Evangelio en audio del Lunes de la 2ª semana de Adviento (5 - diciembre - 2016)

Lc 5,17-26 : Hoy hemos visto cosas maravillosas

http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/adviento2007/2_2_AD.mp3
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Un día estaba Jesús enseñando, y se habían sentado por allí algunos fariseos y maestros de la ley venidos de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén. El poder de Dios se manifestaba en Jesús cuando curaba a los enfermos. En esto llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Querían meterlo en la casa y ponerlo delante de Jesús, pero no encontraban por dónde entrar porque había mucha gente; así que subieron al techo, y haciendo un hueco entre las tejas bajaron al enfermo en la camilla, allí en medio de todos, delante de Jesús. Cuando Jesús vio la fe que tenían, le dijo al enfermo: “Amigo, tus pecados quedan perdonados.” Entonces los maestros de la ley y los fariseos comenzaron a pensar: “¿Quién es éste, que se atreve a decir palabras ofensivas contra Dios? Tan sólo Dios puede perdonar pecados.” Pero Jesús, dándose cuenta de lo que estaban pensando, les preguntó: “¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados quedan perdonados’ o decir: ‘Levántate y anda’? Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados.” Entonces dijo al paralítico: “A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Al momento, el paralítico se levantó delante de todos, tomó la camilla en que estaba acostado y se fue a su casa alabando a Dios. Todos se quedaron asombrados y alabaron a Dios, y llenos de miedo dijeron: “Hoy hemos visto cosas maravillosas.”


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