"Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra" (blas de otero)

Poetas y poetisas, testigos del misterio inefable de la muerte y resurrección de Cristo.

Poesía para Semana Santa

Comentarios al evangelio, palabra diaria, imágenes, power point, actualidad, biblioteca y artículos. Secciones dedicadas a la Iglesia, María, la familia, vida religiosa, matrimonio y los jóvenes.

Ciudad Redonda

“La Cuaresma, un itinerario de renovación espiritual marcado por el significado simbólico que la Escritura da al número cuarenta, a saber: una paciente perseverancia, una larga prueba, un tiempo suficiente para ver la obra de Dios, un tiempo también para asumir nuestra propia responsabilidad”.

Peregrinos en Cuaresma

   

Santo Evangelio según San Lucas 7,36-8,3

Lucas 7,36-8,3.

Un fariseo invitó a Jesús a comer, y Je­sús fue a su casa. Estaba a la mesa, cuando una mujer de mala fama llegó con un fras­co de alabastro lleno de perfume. Lloran­do, se puso junto a los pies de Jesús y co­menzó a bañarlos con sus lágrimas. Luego los secó con sus cabellos, los besó y derra­mó sobre ellos el perfume. Al ver esto, el fariseo pensó: "Si este hombre fuera ver­daderamente un profeta se daría cuenta de qué clase de mujer es esta pecadora que le está tocando." Entonces Jesús dijo: "Simón, tengo algo que decirte." "Dos hom­bres debían dinero a un prestamista. Uno quinientos denarios, y el otro cincuenta: pe­ro, como no le podían pagar, el prestamis­ta perdonó la deuda a los dos. Ahora dime: ¿cuál de ellos le amará más?" Simón le con­testó: "Me parece que aquel a quien más perdonó." Jesús le dijo: "Tienes razón." Y volviéndose a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; en cambio, ella me ha bañado los pies y los ha secado con sus ca­bellos. No me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Por esto te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; pero aquel a quien poco se perdona, poco amor ma­nifiesta." Luego dijo a la mujer: "Tus pe­cados te son perdonados." Los otros invi­tados que estaban allí comenzaron a pre­guntarse: "¿Quién es este que hasta perdo­na pecados?" Después de esto, Jesús anduvo por muchos pueblos anunciando el reino de Dios. Le acompañaban los doce y algu­nas mujeres que él había librado de espíritus malignos y enfermedades. Entre ellas estaba María, la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; también Juana, esposa de Cuza, el administrador de Herodes; y Susana, y otras muchas que los ayudaban con lo que tenían.


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