"Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra" (blas de otero)

Poetas y poetisas, testigos del misterio inefable de la muerte y resurrección de Cristo.

Poesía para Semana Santa

Comentarios al evangelio, palabra diaria, imágenes, power point, actualidad, biblioteca y artículos. Secciones dedicadas a la Iglesia, María, la familia, vida religiosa, matrimonio y los jóvenes.

Ciudad Redonda

Te proponemos para esuchar algunos textos especialmente significativos de grandes teólogos, pensadores, maestros de espiritualidad y de vida... palabras sabias, palabras profundas, palabras nacidas de una honda experiencia de Dios y de su presencia en la vida.

Leidos para tí

   

Santo Evangelio según San Juan 21, 1-19

http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/pascua_2007/14TercerDomingodePascua.mp3
Descarga MP3

Juan 21, 1-19

Después de esto, Jesús se apareció otra vez, a orillas del lago de Tiberias. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pe­dro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Cana de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Me voy a pescar." Ellos contestaron: "Nosotros también va­mos." Fueron, y subieron a una barca; pe­ro aquella noche no pescaron nada. Cuan­do comenzaba a amanecer, Jesús se apare­ció en la orilla, pero los discípulos no sa­bían que fuera él. Jesús les preguntó: "Mu­chachos, ¿no habéis pescado nada?" "Na­da" Jesús les dijo: "Echad la red a la dere­cha de la barca y pescaréis." Así lo hicie­ron, y no podían sacar la red por los mu­chos peces que habían cogido. Entonces aquel discípulo a quien Jesús quería mucho le dijo a Pedro: "¡Es el Señor!" Apenas oyó Pedro que era el Señor, se vistió, y se lan­zó al agua. Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red lle­na de peces. Al bajar a tierra encontraron un fuego, con un pez encima, y pan. Jesús les dijo: "Traed algunos peces." Simón Pe­dro subió a la barca y arrastró hasta la pla­ya la red llena de grandes peces, ciento cin­cuenta y tres. Y aunque eran tantos, la red
no se rompió. Jesús les dijo: "Venid a co­mer." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle, porque sabían que era el Se­ñor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado. Cuan­do ya habían comido, Jesús preguntó a Si­món Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?" Pedro le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos." Volvió a pre­guntarle: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Pedro le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas." Por tercera vez le preguntó: "Si­món, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro, en­tristecido porque Jesús le preguntaba por tercera vez si le quería, le contestó: "Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero." Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Te ase­guro que cuando eras más joven te vestías para ir a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ves­tirá y te llevará a donde no quieras ir. Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro había de morir, y có­mo iba a glorificar a Dios con su muerte. Después le dijo: "¡Sigúeme!"


tags